abril 23, 2016

Sobre Otros Rituales, de Alejandro Michelena



 (Palabras leídas por Gonzalo Fonseca el viernes 21/04/2016 en la presentación del libro en Maldonado).

Hubo un tiempo gris y más que gris. Alejandro Michelena, un joven de unos 30 años, integra los colectivos Nexo, Destabanda y finalmente Cuadernos de Granaldea. En 1978, Libros de Granaldea publica Formas y Fórmulas. En plena dictadura, Alejandro cita a Lorca al comienzo, marca la cancha y señala a duendes que hacen burla en el alero con el alma asfixiada perdido en un navegar paciente de los lunes. Las formas de la vida transcurren en útero en la sombra, la soledad, la noche. Las fórmulas incitan a la voz en frecuencia modulada: en un radio escondido canta Joan Baez, como gracia de dios y a Neruda con un sabor potente de sal y estrellas. La prueba de que lates en el mundo se da en cada esquina, en un nuevo recodo, en la esperanza de una antigua casona para vivir, para cultivar huerta y amor y poesía, un perro Tom, un gato danzarín. Inquiere caminos certeros en milagro del otoño, la luz de la mañana entre los rituales de la muerte en la almohada, el gris ataúd del calabozo, el tanto frío del costado sur atlántico de América, esa triste ventana. Con textos de Formas y Fórmulas y de Triste ventana se publica en Suecia, en 1984, Rituales. Comienza con una cita implacable del poeta griego Cavafy: No hay tierra nueva, amigo mío, ni mar nuevo, pues la ciudad te seguirá, por las mismas calles andarás interminablemente.


Michelena aprisiona la simbología melancólica, las pérdidas, los amores esquineros, las jornadas rutinarias de ciudades portuarias en los laberintos del gris, la lluvia siempre igual, el café urbano, el país fantasma, la compleja representación de los Rituales en la vida propia y la del prójimo, las actitudes de búsqueda, de redescubrimiento, de ejecución persuadida de formas repetitivas de gestos, de actitudes, los ritos obsesivos, los ritos de interacción, los ritos establecidos. Así llegamos a Otros Rituales, el libro que presentan hoy los Civiles Iletrados. A través de este hilo director es que se presentan estos queridos papeles que en cajones dormitaban de Alejandro Michelena, inagotable narrador, ensayista, cronista, periodista cultural, el poeta indudable, como fue designado alguna vez. Como subterráneo conocedor, y a contramano del arbitrario olvido de la filosofía, pone en duda los principios políticos que se presentaron como verdad revelada, y los desglosa en clave de humor para entender los puntos específicos a la hora de pasar revista sobre lo que está haciendo el hombre aquí y ahora en el sobre abundamiento de datos que nos promete la realidad, Pensando en Groucho Marx, o reflexivamente, en un día más que gris de un gris otoño, en un bar obligatorio en un Eterno encuentro de Hegel y el profesor. O Ante un viejo tomo de El Capital Y revisando Con Usura de Ezra Pound, la Praxis concreta con salario impuntual y deudas impagas. Ya no hay dictadura, pero en el Gran café: en ese Incesante rincón - ciudad en la ciudad - donde se pierden ilusiones nunca destiladas dedica la memoria, el dolor Al igual que todo lo que late al caro privilegio de permanecer: Las llagas están los testimonios estas marcas imborrables por aquellos que no lo soportaron, por el hermano que desapareció en la noche y bruma. El Libro de Job, Virgilio, Horacio, o el mismo Lewis Carroll parecen estar y están presentes en Otros rituales, en las aguas de El Río, en el tiempo que huye, el tiempo que se escapa, el tiempo que vuela: Certera certidumbre en medio de las fiestas de Mecenas o navegando por el mare nostrum, así pasa (Sic Transit) la gloria del mundo. Entre amores lejanos, elogios de lo simple, dedicatorias (a la pequeña Mab, a la monja, a Juanele o a Manuel Álvarez Bravo) se cuela la eterna lluvia urbana, los cafés y los tangos, los bares y los gatos, el transcurrir de la vida, los recónditos altillos, las biromes y servilletas de Leo Masliah.





Tanto Heráclito como Parménides habían intentado dos caminos contrapuestos para conquistar el conocimiento de la realidad. El de Éfeso atendiendo a lo mudable, el de Elea a lo eterno e imperecedero. Alejandro Michelena, llanamente discrepa con Heráclito y toma partido:


Quedar
con esta misma vida
para siempre


beber el agua
del río conocido
acariciar los rostros
familiares


por una vez
y otra
y otra,
hasta que la rueda gigante
se detenga


y quizá
tal cosa no suceda
¿es posible que nunca
los pájaros emigren?

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