junio 27, 2016

ALEJANDRO MICHELENA: la fuerza ritual de la poesía

por Heber Benítez Pezzolano

Tiene un significado muy especial para mí presentar un libro de Alejandro Michelena, a quien conocí por el 79 u 80, cuando lo encontrábamos con el querido amigo y poeta Javier Cabrera (ya fuera de este mundo desde hace diez años), en el Sorocabana. El aroma inolvidable y los tiempos del café compartido (innumerables horas en una mesa), los de la poesía y de aquellas otras luchas, en que él, mayor que varios de nosotros, pero siempre sin edad y con el perfil muy bajo, representaba. Un referente de aquella época; con Alejandro, y luego con Elder Silva, me acerqué varias veces a las reuniones de Cuadernos de Granaldea. Y fueron también, poco después, los tiempos de Destabanda, con Mario Aiello, la editorial en que publiqué mi primer libro de poesía.
 
Un pudor, una rigurosa lealtad a la cultura como espacio de transformaciones críticas desde la literatura y, particularmente, desde la poesía, un lugar de resistencia en vez de un nicho de muerte por el mercado, eso se me representa de aquellos tiempos con la imagen de Alejandro. Y el café, las tradiciones de los cafés en donde se enrollaba y se desenrollaba la cultura, y de la que él escribió certeramente. Por eso, si hay una portada que lo representa, es la de este volumen, en la que se figura un pocillo en el que embeben o en el que abrevan las letras navegando en esa sustancia mágica, como quería Marosa, para sentir el café. El café, el gran espacio y taza ritual es, como en el epígrafe de Claudio Magris que Alejandro pone en el poema titulado precisamente “Gran café”, un lugar de la escritura. Se está a solas, con papel y lápiz y todo lo demás, y dos o tres libros, “aferrados a la mesa como un náufrago batido por las olas”, en ese mar “maderamen”, “puerto con mesas redondas como barcos/de solos marineros/de solos marineros/que encallaron aquí”, las inequívocas mesas del Sorocabana, encalladas en un laberinto que figura a un “minotauro de tiempo/que se muere”.
Alejandro es, en cierto modo, un poeta de aquel tiempo, de aquel ambiente y de aquellas exigencias, de ciertos gestos que cuajaban la conciencia de un decir dentro de cierto pudor, tan minimalista unas veces como expansivo otras. Un aquel espaciotiempopoesía que llega hasta ahora y que, persistiendo, nos muestra su necesidad. Cuando la poesía era un hablar, por así decirlo, la reserva de una potencia que nos lanzaba y nos preservaba resistiendo, la contradicción del lenguaje admitido, de sus límites en el sentido, en la productividad de la poiesis, Alejandro se entregaba a trabajar sus lecturas de otros así como sus textos con una dedicación y unos tiempos que no son los de esta época de hiperexposición publicacionista, de narcisismo desesperado, de superproducción compensatoria, de atropellos corporativos y de obsesión mediática. Había en su actitud, y en parte de lo que podíamos hacer con las nuestras, una ritualidad que aseguraba una cierta dimensión sacra, pero secularizada, de la poesía y de su lugar entre nosotros. Esa dimensión contenía, por cierto, una significación política que en su momento las palabras no podían articular, pero sí decir desde el momento mismo de su enunciación. O en términos de un poema posterior de Alejandro: picotear conciencias.
Otros rituales, me parece, desde el título, un juego con el sentido duplicado y anfíbológico que se articula con la memoria de su segundo libro édito, Rituales, de 1984. La palabra “otros” designa a esos otros poemas nuevos que se suman a la naturaleza común de aquellos que ya estaban; pero también la palabra “otros” emerge en el sentido de que estos nuevos resultan diferentes de los rituales previos. Repetición y diferencia promueven sus tensiones no solo en el título sino en el conjunto de los textos que ofrecen yuxtaposición y continuidad entre las que en suma son las dos partes del libro.
La poesía de Alejandro posee, en un primer impacto, una impronta marcada de contemplación melancólica, incluso la palabra y sus sinonimias se reiteran intensamente, pero jamás se reducen a una suerte de folclore tanguero de la ciudad, lo que acarrearía el peligro de introducir el estereotipo. Su figura geométrica es el círculo, no solo el de la redondez intra y extrapoética de las mesas de mármol cuyas imágenes sabemos que evocan sus textos, al modo de pequeños mandalas conectados pero individuales, como islas, sino el de un eterno retorno del existir contorneado por la circunferencia que protege y somete la vida a un deslizamiento gris que se interna en lo oscuro, como en el poema “Cotidiano refugio”. Una de esas u otra mesa “navegando en la noche” se constituye en la primera imagen del libro, en el poema “Arte poética”; allí la nocturnidad crece en símbolos y a la vez cobija a los “queridos papeles”, que “en cajones/dormitan”. Esos papeles no son el olvido por parte del paso del tiempo y del poeta mismo, sino su decantación, pero también el destino en un cajón ante el desencanto de un mundo despoetizado por las ideologías dominantes del sistema social y su capítulo dictatorial. Estas son algunas de las notas claves de su poética, y, a la vez, no es inocente que dicha composición abra el libro, como si se tratara de una declaración de conceptos y de una estética, de una toma de partido que envuelve a la escritura, a su idea de poesía y al mundo que resulta de todas sus relaciones. Esa poética contiene diálogos poderosos que no vamos a enumerar, diálogos directos u oblicuos, afinidades que se advierten a veces fragmentariamente (Ezra Pound, T.S. Eliot, la evidencia de Juan L Ortiz, Puig, Macedo)
Una aclaración. Porque si es verdad que la poesía de Alejandro Michelena cuenta con la fuerza referencial del contexto dictatorial, sería un error fatal creer que esta es una determinante “en última instancia” de su mundo del texto. Su politicidad asume formas diversas y absorbe signos heterogéneos de la cultura del capital, los cuales siempre son capaces de conmover la subjetividad en sus planos más íntimos. Un capítulo aparte merece, y el lector sabrá de inmediato por qué, “Del exilio interior”.
En el poema “Miseria de la filosofía” el café vuelve a ser espacio, esta vez bajo la definida presencia de los intelectuales. Alejandro Michelena, que también lo ha sido y lo es, tanto como poeta, construye un texto fuerte con clara referencia a Marx (un estudio con el que Marx procura desmitificar el idealismo anarquista de Proudhon) y en el que el poema recurre a las isotopías encontradas entre lo que hablan los intelectuales y los golpes de la realidad. En cierta medida el mismo me recuerda al Vallejo de “Un hombre pasa con un pan al hombro…”. Transcribo dos pasajes del poema a modo de ejemplo:
Habrá que estructurar la nueva ética”
y el viejo hotel les muestra su negruzca
fachada (…)
Habrá que analizar todos los mitos”
y se sintieron gritos
en la esquina

un pálido poeta
voló unos cuantos metros
-levitando-
y aterrizó en la acera
de cabeza.


Esa realidad es la que empuja al poeta, en un sentido material, a partirse la cabeza en las baldosas. Es mediante esta construcción irónica –no obstante nunca cae Michelena en la mordacidad cruda- la que nos muestra, sin dejar de tomar distancia y de autorreferirse a un tiempo, la futilidad de los intelectuales, de la intelligentsia, en suma, si se quiere, de nuestras futilidades. La melancolía resurge en un poema como “Praxis”, en que el presumible romanticismo, o aun el simbolismo de los soles ponientes, los acordes crepusculares con toda su tonalidad –su música- declinatoria, aflora la realidad prosaica que informa el sentido de los versos, que se deja envolver en esa música para confirmarla y refutarla a la vez: los salarios impuntuales, las deudas impagas. La poesía contra la usura –como en Ezra Pound- y una sutil vigencia de cómo la brutalidad del capital impregna los latidos del corazón:
Por detrás de las meras
apariencias:
el lobo de la usura
como nunca pecando
contra natura.

sigue siendo entonces bien
certera
aquella vieja tesis:
que la base económica incide
en nuestros más selectos
sentimientos.


Son varias las zonas temáticas de la poesía de Michelena, y no podemos evitar detenernos en esa “tristeza” que protesta, dolor antropológico quizás, ante el tópico del tempus fugit, en la belleza de un poema como “El río”, desplegado desde evocaciones de la antigüedad clásica a “un joven rostro en foto que se añeja”, tema que vuelve de otro modo en “Multiplicación de la imagen”, con su triste ironía sobre el flujo del tiempo y la reverberación platónica de las ideas. O asimismo en el sutil y conceptual “Discrepancia con Heráclito”, cuyos dos versos finales (“es posible que nunca/los pájaros emigren?”) condensan la tensión entre la realidad y el deseo. Pero hay una energía que todo lo hilvana, que construye un estilo reconocible, sin estridencias de la sonoridad ni de la metáfora, con un ritmo de evoluciones controladas y que a la vez contienen el impulso de un impacto acumulado y en ocasiones en su cierre para los poemas. El amor y su huida, en sus avatares y en el tiempo que huye a la vez, todo a través de la mesura y el pudor para designar a su propia capital del dolor en esta poesía que sugiere el desgarro pero no lo traza: queda en su lugar ingrávido, como en el poema “Leve canción evocativa”, o en la otra evocación que culmina en las escaleras de una imaginación que ama en ejercicio por las calles de la ciudad, que elabora la figura de la amada en riguroso vuelo, que lo es asimismo de la imaginación.
(Presentación leída por el autor en Kalima, Montevideo, el 9 de mayo de 2016).

junio 12, 2016

Conversaciones en Do Mundo el viernes 17 en el CCE

civiles iletrados
invita a la presentación de


Conversaciones en Do Mundo
de Sonia Calcagno

Participación de Lilián Toledo y Gonzalo Paredes

Viernes 17 de junio, Hora 19:00
CCE Cafetería
Rincón 629


No exentos de ternura y siempre desamparados, los personajes de estos cuentos se permiten espacios de complicidad y solidaridad. El lenguaje, aparentemente sencillo, guarda profundidad, hurgando en la mente de los personajes con aguda percepción psicológica. En este ambiente onírico los sueños cobran un papel principal. Devienen en túnel o mujer dragón. La arquitectura de estos relatos es sólida, verosímil. Solidez en la polifonía que comparten personajes y paisajes.






Sonia Calcagno nació en 1948 en Progreso,  Canelones. Desde 1978 reside en  Colonia. Arquitecta y militante política, integra la Junta Electoral de Colonia y es Presidenta de la Departamental del Frente Amplio de Colonia. Desde mayo de 2015 Gestora del Sitio Colonia del Sacramento. Es madre de dos hijos, abuela de cuatro nietos.
Autora de dos libros de cuentos: Por ella morir, Arca, 1994 y Hotel Paris, Irrupciones Grupo Editor, 2012. En 2001 año recibió el Primer Premio del Interior en el concurso Cuentos de la Fundación Lolita Rubial por el cuento Bajo la lluvia.

abril 23, 2016

Sobre Otros Rituales, de Alejandro Michelena



 (Palabras leídas por Gonzalo Fonseca el viernes 21/04/2016 en la presentación del libro en Maldonado).

Hubo un tiempo gris y más que gris. Alejandro Michelena, un joven de unos 30 años, integra los colectivos Nexo, Destabanda y finalmente Cuadernos de Granaldea. En 1978, Libros de Granaldea publica Formas y Fórmulas. En plena dictadura, Alejandro cita a Lorca al comienzo, marca la cancha y señala a duendes que hacen burla en el alero con el alma asfixiada perdido en un navegar paciente de los lunes. Las formas de la vida transcurren en útero en la sombra, la soledad, la noche. Las fórmulas incitan a la voz en frecuencia modulada: en un radio escondido canta Joan Baez, como gracia de dios y a Neruda con un sabor potente de sal y estrellas. La prueba de que lates en el mundo se da en cada esquina, en un nuevo recodo, en la esperanza de una antigua casona para vivir, para cultivar huerta y amor y poesía, un perro Tom, un gato danzarín. Inquiere caminos certeros en milagro del otoño, la luz de la mañana entre los rituales de la muerte en la almohada, el gris ataúd del calabozo, el tanto frío del costado sur atlántico de América, esa triste ventana. Con textos de Formas y Fórmulas y de Triste ventana se publica en Suecia, en 1984, Rituales. Comienza con una cita implacable del poeta griego Cavafy: No hay tierra nueva, amigo mío, ni mar nuevo, pues la ciudad te seguirá, por las mismas calles andarás interminablemente.


Michelena aprisiona la simbología melancólica, las pérdidas, los amores esquineros, las jornadas rutinarias de ciudades portuarias en los laberintos del gris, la lluvia siempre igual, el café urbano, el país fantasma, la compleja representación de los Rituales en la vida propia y la del prójimo, las actitudes de búsqueda, de redescubrimiento, de ejecución persuadida de formas repetitivas de gestos, de actitudes, los ritos obsesivos, los ritos de interacción, los ritos establecidos. Así llegamos a Otros Rituales, el libro que presentan hoy los Civiles Iletrados. A través de este hilo director es que se presentan estos queridos papeles que en cajones dormitaban de Alejandro Michelena, inagotable narrador, ensayista, cronista, periodista cultural, el poeta indudable, como fue designado alguna vez. Como subterráneo conocedor, y a contramano del arbitrario olvido de la filosofía, pone en duda los principios políticos que se presentaron como verdad revelada, y los desglosa en clave de humor para entender los puntos específicos a la hora de pasar revista sobre lo que está haciendo el hombre aquí y ahora en el sobre abundamiento de datos que nos promete la realidad, Pensando en Groucho Marx, o reflexivamente, en un día más que gris de un gris otoño, en un bar obligatorio en un Eterno encuentro de Hegel y el profesor. O Ante un viejo tomo de El Capital Y revisando Con Usura de Ezra Pound, la Praxis concreta con salario impuntual y deudas impagas. Ya no hay dictadura, pero en el Gran café: en ese Incesante rincón - ciudad en la ciudad - donde se pierden ilusiones nunca destiladas dedica la memoria, el dolor Al igual que todo lo que late al caro privilegio de permanecer: Las llagas están los testimonios estas marcas imborrables por aquellos que no lo soportaron, por el hermano que desapareció en la noche y bruma. El Libro de Job, Virgilio, Horacio, o el mismo Lewis Carroll parecen estar y están presentes en Otros rituales, en las aguas de El Río, en el tiempo que huye, el tiempo que se escapa, el tiempo que vuela: Certera certidumbre en medio de las fiestas de Mecenas o navegando por el mare nostrum, así pasa (Sic Transit) la gloria del mundo. Entre amores lejanos, elogios de lo simple, dedicatorias (a la pequeña Mab, a la monja, a Juanele o a Manuel Álvarez Bravo) se cuela la eterna lluvia urbana, los cafés y los tangos, los bares y los gatos, el transcurrir de la vida, los recónditos altillos, las biromes y servilletas de Leo Masliah.





Tanto Heráclito como Parménides habían intentado dos caminos contrapuestos para conquistar el conocimiento de la realidad. El de Éfeso atendiendo a lo mudable, el de Elea a lo eterno e imperecedero. Alejandro Michelena, llanamente discrepa con Heráclito y toma partido:


Quedar
con esta misma vida
para siempre


beber el agua
del río conocido
acariciar los rostros
familiares


por una vez
y otra
y otra,
hasta que la rueda gigante
se detenga


y quizá
tal cosa no suceda
¿es posible que nunca
los pájaros emigren?

abril 18, 2016

Los libros de civiles iletrados están a la venta en




MONTEVIDEO

Moebius Libros-arte Espacio Barbeito
Pérez Catellanos 1432

El Aleph, Librería Anticuario
Bartolomé Mitre 1356/58 casi Peatonal Sarandí

Rayuela
Tristán Narvaja 1535

La Lupa Libros
Peatonal Bacacay 1318 bis

PUNTA DEL ESTE

Librería El Virrey Punta del Este
Calle 30 casi Gorlero

Libros - Libros Punta Shopping
Av. Roosevelt Parada 7

MALDONADO

Libros del Duende,
18 de Julio casi Florida

marzo 28, 2016

Presentación de Otros Rituales, de Alejandro Michelena y Retrato para mejorar el cuerpo de una bailarina, de Elena Vázquez Guerrero



Presentación de
Otros Rituales, de Alejandro Michelena
y Retrato para mejorar el cuerpo de una bailarina, de Elena Vázquez Guerrero.

Participación de Gonzalo Fonseca y Mercedes Estramil

Jueves 21 de abril
19 horas, Espacio Cultural Miguel Angel, (AMEC)
Ledesma y Acuña de Figueroa, Maldonado

marzo 20, 2016

Sobre La noche y su artificio, por Claudia Magliano

La poesía persigue lo efímero”
Cristina Peri Rossi


Decidí iniciar esta presentación de La noche y su artificio, el más reciente libro de poesía de Cristina Peri Rossi, editado por Civiles Iletrados, citando estas palabras que la autora expresara en alguna de sus entrevistas. La elección de esta frase es porque creo que el sentimiento de lo efímero atraviesa este libro: “Entonces/comenzaba el espectáculo de tus senos/esa obra perfecta/que un dios enamorado/creó como un espejo/donde toda belleza se miraba/a sí misma/como yo los contemplaba/sintiendo desde ya su pérdida/todo huye irremediablemente/ todo escapa/nada se retiene/nada se guarda/salvo en las paredes de un museo.” Aquí lo contemplado ya es perdido, el acto de la contemplación contiene en sí la certeza de lo fugaz, la conciencia de lo que no será (o no podrá ser). Tal vez sea por eso que el yo lírico expresa en otro verso que “la memoria es una sobrevida”, un anticipo del recuerdo, como si en el presente se tuviera conciencia de lo que se recordará en el futuro y quien crea esa supervivencia es el amor trascendiéndonos. Agrega: “viviré más allá de mis años/en tu memoria”. La persecución del paso del tiempo apoyado en la persistencia de la memoria.
La idea de la fugacidad está presente a lo largo de todo el libro, así el poema “Detente instante eres tan bello” expresa “la aspiración de retener lo pasajero/el ímpetu de atrapar lo fugitivo”, porque hay conciencia de la finitud a la vez que “vocación de permanencia” o mejor dicho, esa conciencia de la finitud es la que impulsa el deseo de permanecer. Acaso sea el poema quien alcance la permanencia, y sobrepase la finita materia de quien escribe y lo trascienda, en un más allá de sí mismo. Pero es también por esa condición de fin por la cual se escribe, tal vez una manera de dejar constancia de lo vivido, para que no desaparezca, un registro que permita revivir el pasado en cada nueva lectura. 

El arte en su totalidad busca la supervivencia, continuar vivo, para ello recurre a distintas expresiones. Muchas son, en este libro, las referencias hacia otras manifestaciones artísticas: pintura, fotografía, música. Hay un diálogo permanente con estas otras ramas del arte. Según la autora la poesía no está solo en el verso sino también en la pintura, el cine, la música, la fotografía, por lo que podríamos pensar que en La noche y su artificio, el libro que hoy presentamos, existe una intertextualidad con estas otras artes, de modo que cuando el yo lírico menciona una pintura, una fotografía, una música habilita a quien lee a contemplarlo conjuntamente ampliando así, la capacidad perceptiva, dice: “lejanos los ruidos nocturnos/escuchando a Brahms o Celine Dion”; “he visto sus cuadros –Balthus, Bacon, Coubert”. Porque como la autora opina: “la poesía es percepción y emoción, asuma la forma que asuma (verso, palabra, relato, escena, composición musical)” pues “la poesía está en la mirada de quien contempla, no en la cosa en sí. Está en la percepción no en el objeto”.
Shklovski, teórico ruso, en El arte como artificio expresa que el carácter estético de un objeto es el resultado de nuestra manera de percibir, y para que eso suceda es necesario el arte, cuya finalidad es dar una sensación del objeto como visión no como reconocimiento, porque el reconocimiento es parte del automatismo y por lo tanto deja desapercibido el objeto. En cambio la visión muestra el objeto como si se viera por primera vez, desautomatiza a quien contempla y a lo contemplado. Shklovski dice de la necesidad de liberar al objeto del automatismo perceptivo. En La noche y su artificio, de Peri Rossi, son muchos los momentos en que este modo de mirar se presenta como si se mirara por primera vez, liberando dicho automatismo perceptivo. Así, en la contemplación de la amada expresa: “al besar tu sonrisa/al encender tus senos como faros de Alejandría” o “la herida que se abre en mi costado/cuando tú me faltas”, mediante los recursos de la comparación y la metáfora el objeto adquiere una dimensión diferente, llamando la atención sobre sí mismo, creándole un nuevo significado, más una “visión” que un reconocimiento. 

En torno de la percepción, la contemplación del yo y el encuentro con otras artes, hay evidencias en muchos de los poemas de este libro. El yo contempla, en ocasiones, como si contemplara un cuadro. En varios poemas el yo mira a través de una ventana, un balcón, una terraza, elementos que enmarcan el paisaje como si fuera un cuadro o una fotografía: “a la noche/en la pequeña terraza nocturna/de lejos muy lejos el mar oscuro/la ventana escondida/el cielo despejado”, otras veces el yo contempla a través de otra contemplación, la contemplación del tú: “te asomas desde el gran ventanal/sobre la ciudad/(las agujas de la sagrada familia/la torre Agbar y el triángulo gris del mar)”, estableciéndose de este modo un juego de miradas, una dentro de otra, el yo mira lo que ve el tú y los lectores vemos a través del yo lo que el tú contempla, en una mirada del paisaje desde un adentro que supone un salirse hacia el paisaje, fundirse con él, el ojo que mira es a su vez creador de lo contemplado y por tanto transforma lo mirado en objeto artístico, genera una nueva imagen, un nuevo modo de ver. Y al mirar selecciona, recorta un fragmento de lo visto en la realidad, porque como dice Peri Rossi “la poesía se trata de una percepción no vulgar. La poesía exige un refinamiento de los sentidos y de la inteligencia”.
Así también ingresamos al tema del amor con su contracara del desamor, entre la amante y la amada, a la percepción del objeto amoroso. El amante refinado, en este caso, la amante, que contempla hasta el pequeño detalle de la amada: “y la pequeña cicatriz de tu pie/invisible/para los amantes bruscos y desatentos”. El amante verdadero (el artista) ama la minuciosidad, observa el detalle, esa pequeña cicatriz que libera al objeto, alguien que no reconoce (en el sentido que da Shklovski al término) el cuerpo de la amada, sino que lo ve, lo singulariza, hace recaer la atención en el objeto mismo para quitarle el automatismo que lo haría pasar desapercibido o inadvertido a otros ojos. Ese pequeño detalle particulariza a la amada. Detalle que no perciben los que únicamente buscan el placer genital, sin rituales, sin ceremonias, los que se inscriben en una mirada vulgar, sin poesía, alejados del hecho artístico. 
El erotismo está presente en todo el libro y cito nuevamente palabras de la autora: “en el erotismo hay un deseo de belleza que no existe en la genitalidad”, a la vez que afirma que “la belleza es inquietante”. Veamos otro ejemplo en este libro: “el bretel se venía abajo/-negro-/como la cinta de un telón precipitado”. La mirada del detalle construyendo plásticamente un momento, la caída del bretel, inadvertido para amantes bruscos y desatentos. Así el poema titulado “El amor existe” dice: “El amor existe/para habitar el mundo/como si fuera/el paraíso/que un amante distraído perdió/por pereza/por falta de sabiduría”. Por falta de poesía, agrego, esa poesía que la mujer esgrime como parte de su sensibilidad.
Es la mirada atenta del amante quien construye la belleza del objeto amoroso, es la singularidad de una mirada la que engendra, nace, inventa, vuelvo a citar a la autora: “la poesía está en la mirada de quien contempla” y quien contempla, descubre, crea. Esto es, quien lee a través de la contemplación del yo, origina también el poema. El yo habilita a quien lee a co-crear, a re-crear. Es decir que el acto de mirar en estado de éxtasis o enamoramiento trasciende la cosa en sí para volverse universal, y esta es una de las características del arte y la poesía, trascender la particularidad del yo para volverse de todos. Una subjetividad dentro de otra creando (o recreando) el poema. Aunque el lenguaje no alcance a decir (me vienen a la memoria los versos de Bécquer “yo sé un himno gigante y extraño”), aunque, como afirma la autora de este libro la comunicación absoluta es imposible a través del lenguaje, así en el lenguaje y en el amor no se alcanza a expresar nunca lo que se siente realmente porque el significado va mucho más allá del significante. Del mismo modo en la poesía y en el amor la vía de demostración es torpe si se la compara con el sentimiento. El poema “Metáfora” lo expresa claramente: “Hacerte el amor/es una manera –torpe-/ de decirte que te quiero.” Manera al fin, vehículo incompleto, como el lenguaje, pero que de todos modos traslada, transporta. Porque si la poesía es metáfora, es traslación de sentimientos, ideas, sensaciones. Traslación que puede ser confusa o ambigua: “El enamorado es un revolucionario, ha sostenido Peri Rossi, porque no hay nada más grande que el desorden amoroso” y el poético, diría yo, porque la poesía desordena la lógica de los hechos, “ve”, como decía Shklovski, en lugar de reconocer. El enamorado y el poeta habitan el desorden, provocan la ruptura del orden, de lo correcto, del deber ser, y se instalan o más bien promueven la transgresión: “cuando abandonamos el paraíso/territorio de los ángeles/para vivir en la tierra/las mediocres rutinas cotidianas/ y quizás algún sobresalto menos/una aceptación de la norma/que merezca algún premio literario/o administrativo y el beneplácito social.” O: “Cuidado con los vecinos, los vecinos que no follan/ siempre se escandalizan con los gritos ajenos/son capaces de llamar a la policía si se dan cuenta de que estamos follando/pero jamás llamarían a la policía si me estuvieras robando.”

La poesía, como el amante, huye de la norma. Escapa de la máscara perversa de lo “normal”, de ese aparato que la sociedad y el buen gusto han creado como válido para las mayorías. Y el poeta, al igual que el amante, encuentra refugio en la noche. Una noche que des-cubre la realidad otra, la de “borrachos que pelean por un culo de botella/la noche de mujeres-hombres y de hombres-mujeres/embriagados en soñadora confusión original”. La noche que revela el caos que el día ordena mediante la máscara “cuando todo vuelve a la normalidad/es decir/al plástico y al Facebook.” La autenticidad entonces está en la noche y en su artificio, aunque artificio, según el diccionario, signifique falta de naturalidad, disimulo, medio para conseguir, encubrir o simular algo. Porque ese algo que encubre el arte es en realidad des-cubrimiento, desvelamiento, quitar el velo del sol. La escritora ha dicho “el arte es justamente lo opuesto al deber ser” y si bien, también en sus palabras, “la escritura es, siempre, artificio (arte hecho), es decir creación deliberada de belleza, aun en la belleza de la fealdad o el mal”, para crear esa belleza es necesario despojarla, desnudarla, como la entera desnudez de la amante que permite contemplarla detalladamente hasta encontrar aquella “pequeña cicatriz” que hace a la belleza, al arte. La pequeña imperfección expuesta y resaltada por el yo, como marca identitaria que diferencia al arte de la realidad, al día de la noche, a una forma de amar de otra.
La realidad está llena de incertidumbre, de banalidades, dice Peri Rossi. La realidad es ese facebook, esos vecinos alarmados, los dictadores grandes y pequeños, mencionados también en el libro, que habitan el mundo cotidiano: “los de esta es mi mujer mi auto mi casa mi pistola mi pene” los que hacen que la condición de mujer sea la de ser: “Deshechas, reventadas, violadas/maltratadas, heridas, reventadas…salvajes/consumidas…” como se expresa en el poema titulado, justamente, “Condición de mujer”.

La realidad es: “mucho trabajo doméstico/mucho trabajo en la oficina” que ofician como antídoto del amor, de la poesía, del arte, pero como dice el poema “Receta” cuyo asunto es el mal de amor: “¿quién me va a curar de la cura?”. Tal vez la noche, la noche y su artificialidad, sea quien permita habitar esa realidad otra, la despojada del plástico, la que puede ganarle a la muerte. Y cito del libro el poema “La muerte que me ronda” donde el yo le habla a la muerte: “conmigo vas perdida… pero no me engañas… las que te llevas viven en mí/más mías que nunca/lejos de tu alcance/como vive mi hermana en este poema/escrito a tu pesar.”
Leer La noche y su artificio es habitar la melancolía y la nostalgia, es soñar, es arrebatarle la belleza a la realidad, es estar en lo que no está, es la conciencia que se anticipa a lo que no estará y ya es futuro recuerdo, es traspasar la lógica del tiempo, transgredir para vivir otra vida más verdadera, tal vez, que la del día, habitar la incompletud que nos aleja de la norma para permitirnos ser, aun en la falta, aun en la ausencia que la propia poesía crea, para habitarla desde otro lado, acaso inconcluso pero siempre en creación. Afortunadamente, agrego como su autora, este es el lugar de la poesía, mientras celebro la edición de este nuevo libro en Uruguay, porque la poesía es una fiesta y hoy lo es más porque un nuevo universo poético aparece entre nosotros. Universo que habita la noche en un nuevo artificio (arte hecho) desde el cual mirar más allá de la realidad circundante del sol del día, ver lo que no siempre se ve y lo que caracteriza una diferente manera de sentir la poesía, el amor y la noche. La lectura de este libro es una experiencia de creación y de des-velo de nuevos sentidos.
Con un lenguaje claro y directo que trasciende el significado alcanzando otras profundidades, se despliega ante nosotros un cosmos habitado por el erotismo, la conciencia de la finitud y la futura nostalgia de lo que será perdido.
Haciendo uso de la ironía y del humor, de la metáfora que transforma al objeto permitiendo su visión, rarificándolo, llamando la atención sobre él; denunciando aspectos oscuros de la realidad: el lugar de la mujer en el mundo, la frivolidad de la apariencia, la torpeza de los no amantes, la fugacidad del placer, así se nos presenta este nuevo libro de Cristina Peri Rossi, tan lejana y tan cerca, para permitirnos divisar otros horizontes no siempre visibles, nuevas posibilidades perceptivas, y dejarnos participar, en fin, de la belleza con todas sus maravillas y todas sus cicatrices.

(Montevideo, 1974. Es profesora de Literatura egresada del IPA. Ha publicado Nada, poemario premiado en el concurso de Poesía de la Asociación de Bancarios (AEBU) y la Casa de los Escritores del Uruguay, en 2005. Su segundo libro Res ha sido publicado por Ático Ediciones en diciembre de 2010 y obtuvo el Primer premio en poesía édita del MEC, edición 2012. El presente trabajo crítico fue parte de la presentación de La noche y su artificio, de Cristina Peri Rossi, 17/03/2016, MAPI, Montevideo).

marzo 04, 2016

Presentación de La noche y su artificio el 17 de marzo

civiles iletrados invita a la presentación de
La noche y su artificio
de la poeta Cristina Peri Rossi
A cargo de Claudia Magliano

Participación vía Skype de la autora

Jueves 17 de marzo, 19 hs.

MAPI

 Museo de Arte Precolombino e Indígena
(25 de Mayo 279, Montevideo) 






La noche y su artificio es el último libro de poesía de Cristina Peri Rossi, editado por civiles iletrados para su colección Ojo de Rueda.

El amor y su celebración, sus objetos y circunstancias, y en contraplano el paisaje del desamor: la presencia, al día siguiente, de lo que hubo. Y otra vez la voluntad de enamorarse, poner el cuerpo, pese a fronteras o exilios o estados de emergencia. Lo corporal, sensual, al servicio de un erotismo vivo, ajeno al laboratorio o la sola evocación.
Con libertad a ultranza, cercanos al lector, estos textos celebran, toman riesgos, se brindan y relatan, al mismo tiempo, el acontecimiento que significa el encuentro de los amantes, por fuera de fronteras o restricciones de tipo alguno.
Conviven en el poema materiales de diverso origen y abolengo, paisajes afectivos y urbanos, todos al servicio de una poética que no renuncia al canto. Diversas tonalidades son utilizadas por Cristina Peri Rossi para ofrecer al lector un testimonio más de la verosimilitud del amor.















Cristina Peri Rossi nació en Montevideo en 1941. Reside en Barcelona desde 1972 donde llegó como exiliada. Narradora, poeta y ensayista, su obra ha sido traducida a dieciocho lenguas. Su narrativa se inicia con Viviendo (Alfa, 1963) y culmina con Los amores equivocados (Menoscuarto Editores, España, 2015). Como poeta Evohé (Girón, 1971) fue su primer publicación. Su poesía va desde el lirismo erótico a la ironía más sutil, sin olvidar la crítica al patriarcado, al capitalismo y la injusticia.
Ha recibido el premio Quijote, en España, concedido por la Asociación de Escritores, por su libro Otra vez Eros. Obtuvo también el Ciudad de Barcelona por Babel bárbara (Lumen, 1992) y es la única mujer que ha ganado el Premio Internacional de Poesía Loewe, por su libro, Playstation (Visor, 2009). Una primera edición de La noche y su artificio fue editada en 2014 por la editorial española Cálamo.




febrero 22, 2016

Venta anticipada de La noche y su artificio, la última poesía de Cristina Peri Rossi en Uruguay.

Despositando $ 210 en la cuenta Abitab 59.412, o a través de la plataforma colaborativa Idea.me en http://www.idea.me/proyecto/38559/la-noche-y-su-artificio








 


El amor y su celebración, sus objetos y circunstancias, y en contraplano el paisaje del desamor: la presencia, al día siguiente, de lo que hubo. Y otra vez la voluntad de enamorarse, poner el cuerpo, pese a fronteras o exilios o estados de emergencia. Lo corporal, sensual, al servicio de un erotismo vivo, ajeno al laboratorio o la sola evocación.
Con libertad a ultranza, cercanos al lector, estos textos celebran, toman riesgos, se brindan y relatan, al mismo tiempo, el acontecimiento que significa el encuentro de los amantes, por fuera de fronteras o restricciones de tipo alguno.
Conviven en el poema materiales de diverso origen y abolengo, paisajes afectivos y urbanos, todos al servicio de una poética que no renuncia al canto. Diversas tonalidades son utilizadas por Cristina Peri Rossi para ofrecer al lector un testimonio más de la verosimilitud del amor.





Cristina Peri Rossi nació en Montevideo en 1941. Reside en Barcelona desde 1972 donde llegó como exiliada. Narradora, poeta y ensayista, su obra ha sido traducida a dieciocho lenguas. Su narrativa se inicia con Viviendo (Alfa, 1963) y culmina con Los amores equivocados (Menoscuarto Editores, España, 2015). Como poeta Evohé (Girón, 1971) fue su primer publicación. Su poesía va desde el lirismo erótico a la ironía más sutil, sin olvidar la crítica al patriarcado, al capitalismo y la injusticia.
Ha recibido el premio Quijote, en España, concedido por la Asociación de Escritores, por su libro Otra vez Eros. Obtuvo también el Ciudad de Barcelona por Babel bárbara (Lumen, 1992) y es la única mujer que ha ganado el Premio Internacional de Poesía Loewe, por su libro, Playstation (Visor, 2009). Una primera edición de La noche y su artificio fue editada en 2014 por la editorial española Cálamo.